jueves, 8 de enero de 2015
La memoria
Miraba las estrellas en silencio, acostada de espaldas, con la cabeza perfectamente vertical y con sus ojos oscuros no se notaban, a primera vista, sus parpadeos. Miraba las estrellas, pero en realidad no las miraba, sino que hacía un circuito del pensamiento. Una compleja red ideas como los cables que nunca ha desenredado y parecieran, después de tanto tiempo, estar en armonía con el desorden. Ella, él. En ese orden. Siempre fue en ese orden, porque si bien se relata desde él, ella es la protagonista. Ella es la de las decisiones, que nunca toma. A ella le toca el incómodo papel de las decisiones, que no va a tomar.
Mientras ella mira las estrellas, él mira la perfecta posición vertical de su cabeza sin que ella se de cuenta. Cabeza, nariz, estrellas. A veces, nariz, cabeza, estrellas. Probablemente ese momento, o momentos, transcurrieron los segundos en que las estrellas menos le importaron en toda su vida. Se volvieron un punto de referencia donde finalizar la mirada, un punto de descanso entre su cabeza y su nariz, o su nariz y su cabeza. La mira y piensa que decir para romper un silencio para nada incómodo, un silencio cálido. Pero no dice nada, pudo decir muchas cosas, pero no dijo nada. Sin embargo piensa en que va a pasar después del silencio porque en un momento hay que hablar, un silencio no puede ser eterno, aún no puede ser eterno. Después del silencio, piensa, sólo está él y ella, y lo piensa así porque por un momento se sintió el protagonista con control sobre cosas que nunca tuvo ni tiene, hablando sobre ellos, ellos dos. Aún en ese momento se les podía llamar ellos. Todo el mundo habla sobre ellos mismos como todas las historias tienen verdades a medias, mentiras a medias o más que a medias, frustraciones, planes deshechos y aciertos fortuitos.
Más adelante, quizás en esa misma noche o en otra, eso ocurriría, o ya había ocurrido. Puede que él intentase revivir artificialmente momentos o conversaciones que le dieran seguridad. Por eso intentaba revivirlos como retrocediendo un antiguo VHS, costumbre que adquirió de niño, maravillado por la posibilidad de volver atrás y ver una y otra vez la misma escena, y que en cada una de las repeticiones nada cambiara. Por el momento sigue el silencio, un silencio cómodo pero innecesario. Innecesario porque si hay algo que todas las historias tienen en abundancia es silencio. Silencio antes que ocurran, silencio durante y silencio después. Mucho silencio, mucho después. El silencio pasa tan desapercibido como el aire. El aire para vivir, el silencio pensar u olvidar, o no olvidar jamás.
Se rompió el silencio con unas cuantas frases de lo que había que hablar, de lo que interesaba hablar, de lo que era menester decir, pero lo que en realidad rompió el silencio fue el sonido del agua. Ella haciendo sonar el agua levemente desplazándose de un rincón a otro en una piscina. La siguió mirando mientras fumaba en silencio. Ella realizó un movimiento brusco, como muchos que haría posteriormente y que desordenan todo lo instituido en los pensamientos de él, elevando el volumen del agua. No pensó en eso, pensó en la memoria del agua. Lo había escuchado en algún lugar, no sabía que significaba, pero inventó el concepto, de todas maneras, nadie lo escucharía como muchas cosas que ha pensado en su vida.
La memoria del agua tiene que ser una propiedad del agua que almacene emociones, instantes, recuerdos, en algún extraño código que otra persona debería definir. Eso pensó. Cada movimiento de ella debía quedar registrado en alguna parte, en algún lugar donde no se marchitara ni perdiera, donde se pudiesen adelantar y retroceder sus imágenes, y lo mejor de todo, sus pensamientos. Por un momento, creyó lo que pensó, después lo olvidó.
Días después, cuando el silencio ya no era cómodo ni cálido, encontró una colilla de cigarro de ese día, o esos días. La recogió, la tocó y acarició. Recordó todo. Cada movimiento, cada mirada a la nada, cada interrupción del silencio. La guardó en la repisa donde tiene todos sus VHS que no reproduce hace años, como otro video más, probablemente, para darle su espacio en el olvido.
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