martes, 16 de diciembre de 2014
Placer
Héctor y Sofía estaban en silencio en el sofá de un departamento en el piso siete viendo una pésima película chilena, "algo con alas era el nombre" diría Héctor más adelante, dos meses más adelante, cuando mientras se fumaba un cigarro conversando con un amigo que no veía hace años hablaban de malas películas, pero esa es otra historia, una historia que no importa. Héctor y Sofía podrían ser Fernando y Carolina o Tomás y Francisca o Francisco y Tomasa, da lo mismo, es también irrelevante. El duro silencio que acompañaba la película, la mala película, es una muestra del abúlico momento que viven en ese instante.
Héctor prende un cigarro, es el quinto, para sentir que hace algo productivo mientras ve esa pésima película, hacer algo placentero en un momento no placentero, placer, palabra clave. Mientras el cigarro se consume a más de la mitad y Sofía mira a veces la pésima película y las luces de los edificios colindantes como si estuviera atenta a cuantas luces se prenden y apagan desde la última vez que miró la ventana, hay una escena donde un auxiliar le roba una toalla higiénica a una escolar, la pega en la muralla de su pieza, y lo echan- Que huevada más ridícula, piensa. No lo dice. Lo piensa pero no lo dice, como muchas cosas, como muchas personas. Piensa en lo ridículo, segunda palabra clave, en lo ridículo que es saludar por cortesía, afiliarse a una ISAPRE, votar por la derecha, gastar millones en un pesebre, dejar de fumar, estar viendo una película malísima. También piensa en Gonzalo Cáceres, un episodio particular de la vida de Gonzalo Cáceres cuando fue invitado a un programa y se sometió a un detector de mentiras, no lo dejaron verlo, era un niño. Lloró tres o cuatro horas, como más adelante lloraría, como ahora siendo adulto-joven lloraría por cosas, quizás, con menor importancia.
Mientras sucumbe en sus pensamientos, en lo placentero que es recordar algún buen momento o algún mal momento y sentir que ya pasó, Sofía lo mira. Sofía que podría ser Tomasa, Carolina o cualquier otro nombre, no persona. Lo mira pero no dice nada, lo mira por segunda vez y no dice nada, lo mira por tercera vez con un poco de rabia o mucha, también es muy irrelevante. Lo mira por cuarta vez- ¿Qué esperas de mí? dice, muy tranquila como casi todas las personas en momentos de poca importancia. Héctor la mira por seis segundos o quizás siete, vuelve la vista a la película, ahora vuelve a pensar en la película, en esa mierda de película. Piensa que una vez tuvo una gata, una gata con la que hablaba y le hacía preguntas ridículas por placer, sí, por placer. Se acordó de una en particular- ¿Cuanto dura la memoria de un gato? ¿Hasta cuando eres capaz de recordar? en realidad fueron dos, dos preguntas. No respondió, no sé si es necesario decirlo. Pensó también en uno o dos recuerdos, no tan antiguos, y la volvió a mirar, a Sofía o cualquier otro nombre terminado en a. Se paró del sofá, tomó una botella de Tequila que estaba a su lado, una botella hasta la mitad con una etiqueta muy fea, corrió las cortinas de la ventana y tiró la botella a la mierda. A la mierda de un séptimo piso de un edificio donde hay un sofá y ven una pésima película. Se escuchan los vidrios contra el pavimento y mira a Sofía- ¿Qué no esperas de mí? dice. Se miran menos de seis o siete segundos, ambos ríen, ríen por varios minutos.
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