sábado, 9 de junio de 2018

Selección múltiple

- ¿Qué opinas de las mudanzas? ¿Leíste alguna vez a Joshua Cohen? - No, nunca. - ¿Cómo sobreviven los pájaros en las ciudades? - Escondiéndose. - ¿Cómo? - No sé, la verdad no me importa. El que tuvimos ahí fue un diálogo innecesario, forzado por la obligatoriedad que ambos teníamos de permanecer ahí, esperando a la protagonista del relato, que no aparecerá en el. En realidad, creo que ambos sabíamos que no iba a aparecer en el relato, sin embargo, estábamos ahí, en una calle de nombre Don Bosco, en San Miguel. El nombre de la calle no tendría ninguna relevancia si no fuese porque nunca había averiguado quien fue Don Bosco, más allá de un equipo de fútbol con ese nombre en la liga de la República Democrática del Congo. La esperábamos para hacerle un par de preguntas más bien estructuradas apropósito de un fanzine. No sé si ahora se dedicaba a la escritura o la ilustración, no me importaba, a mi solo me intrigaba su presencia. De una u otra manera, la intriga es una especie de camino que comienza en la indiferencia y termina en la decepción. Una especie de búsqueda de la decepción o de la humanidad de cada quien, que es prácticamente lo mismo. Pero hablar más de ella ahora, en este relato, no importa demasiado. Con Sofía, a quien dirigí las preguntas, nos conocíamos hace años. Y como nos conocíamos hace años, yo sabía que si había leído a Joshua Cohen y que sencillamente no tenía ánimos de fingir una conversación conmigo, probablemente ella sabía que yo sabía que había leído a Joshua Cohen. El tiempo hace mucho daño a esas relaciones que quedaron en el tránsito a la amistad, por alguna razón, a veces muy tonta e irremediable. Seguramente no me odiaba, ni yo a ella. Simplemente, ya nos habíamos conocido y ya nos habíamos equivocado. Pero estábamos ahí, unidos a una tarea, en la cual ella era más metódica y yo solo estaba más intrigado con la protagonista que no aparece. Sería algo abusivo decir que convivíamos en un silencio incómodo, al contrario, era un silencio medianamente cómodo. Ambos lo esperábamos, por tanto, ambos debimos sentir esa sensación tan propia de los planes realizados. - Roberto ¿te conté que es mexicana y que vivió en México? - No. Sabes, siempre que intento imitar el acento peruano, termino en el mexicano. A Sofía seguramente no le interesaba mi problemática de acentos, entendí, luego de hablar, como casi siempre me pasa, que en realidad quería hablar de ella, de la protagonista mexicana, no de acentos. - Ah, no. La vi un par de veces, ahí, en esos locales en Santa Isabel. No lo sabía. - ¿Nunca la escuchaste hablar? - No, ella no hablaba, yo tampoco. Creo que la única vez que la escuché fue cuando pidió una cerveza, no me di cuenta de su acento. - No te dije que hablaba como mexicana, te dije que era mexicana. - Ah. - Si la hubieses escuchado, podríamos hablar más de ella, no vas a entender. Guardé silencio, no recuerdo cuanto, pero pensé que tenía razón. Como iba a entender lo que tenía para decir si no había escuchado jamás a la mexicana que no llega, ni jamás me había escuchado a mi mismo pensando sobre ella. - Entiendo, es verdad. ¿Te gusta? - Sí, a veces, cuando aparece. - ¿Cómo? - A veces, no sé. Viaja, viaja mucho. - ¿Se ven poco? - A veces, te dije. Así, por alguna razón, y por minutos, o quizás más que minutos, pareciera que nos hubiésemos olvidado de que nos conocíamos. De que probablemente íbamos a tener que juntarnos otra vez porque la protagonista mexicana no iba a llegar. Nos olvidamos así también de que nos habíamos equivocado. Por momentos, surgió una conversación tan sincera como nostálgica, como las que solo se pueden tener antes de los errores, durante la intriga. Conversamos de ella y la protagonista, de la protagonista y su pareja española, de las lentejas con quinoa y la protagonista, de ella y la soledad, de que la protagonista no llega. En un momento, posterior, cuando entendió de forma tierna que yo no tenía respuestas para dar, sacó el cuestionario, las preguntas. No sé quien elaboró el cuestionario, si fue Sofía o Núñez, probablemente Núñez por las preguntas y el formato. Era así, enserio, un cuestionario. Una entrevista-cuestionario. Empezamos a responderlo, como si fuésemos la protagonista o quizás nosotros mismos. Abrimos un vino en caja, y seguimos respondiendo, también riendo. Ahí, con el vino en la mano, tuve envidia de la protagonista que no llegó, envidia de estar sometido a un cuestionario. A que la vida fuese un cuestionario con alternativas, hasta selección múltiple tenía el de, probablemente, Nuñez. Quien no ha pensado en algún momento que las cosas se puedan responder si o no, tener alternativas, o piénsenlo de nuevo, hasta selección múltiple. Más bien, la esperanza que las cosas se puedan ser más concretas y no tan líquidas como decía Bauman apropósito de otras cosas. - Roberto, cuéntame algo ¿En qué estai? - En nada, o sea, aquí en nada. - ¿Ninguna historia? - Aquí no. - ¿Aquí en San Miguel no? - Puede ser que entre Santa Lucía y U Católica. Sofía río, por lo absurda y evasiva de la respuesta supongo, pero siempre ha sido una experta en leer entrelíneas, entendió, y lo hizo mejor que yo. Siempre lo ha hecho mejor que yo. - ¿Por qué siempre vamos directo a sacarnos la mierda para solo disfrutar la sensación del camino recorrido? - Porque hay una especie de éxtasis, Roberto, es efímero. - ¿Éxtasis de que? - Algo así como el éxtasis creativo de Bolaño, o algo así, no sé, tu deberías saber mejor que yo. - Creo que entiendo. - ¿Entender qué? - Que todo lo que iniciamos tiene un clímax y una conclusión, el clímax vale la conclusión, ¿no?. - O sea sí, creo, aunque no sea el éxtasis de Bolaño. - Pero, ¿qué sucede cuando las cosas no inician? - No lo sé, y en verdad da lo mismo, porque si lo hicieran, igual se irían en algún momento a la mierda. - ¿Y se puede vivir el éxtasis si no ha iniciado? - Mira, si las cosas se pueden ir a la mierda sin siquiera iniciar, de seguro que sí. - Entonces es mejor sobrevivir como los pájaros, escondiéndose. - Lastima que no eres un pájaro, hueón. En verdad tampoco hablamos tanto, fue más silencio que cualquier otra cosa, quizás cuando más hablamos fue al despedirnos. A pesar de responder el cuestionario no encontré más respuestas sino que más preguntas, incluso, una que me hizo cuestionarme si la protagonista finalmente era la mexicana que no apareció, o las escaleras de una estación, lejos de ahí.

No hay comentarios:

Publicar un comentario